10 tipos de alumno con los que, sin ellos, tu clase de Ciclo Indoor no sería lo mismo.

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El Ciclo Indoor es una de las actividades (o la más) solicitada en centros de fitness y, como es normal en ellos, da pie a todo tipo de flora (especialmente cuando el servicio de limpieza va regular) y fauna animal.

La verdad es que son sujetos que dan colorido a nuestras sesiones, aunque tal vez sean el motivo por el cual nos paguen las clases y no fuese un trabajo gratis porque su presencia puede llegar a agobiar más de la cuenta. Hoy os traemos “10 tipos de alumno con los que, sin ellos, tu clase de Ciclo Indoor no sería lo mismo”.

  • El abstraído. No sé si tú lo has pensado, pero yo sí: Debería haber un inhibidor de wi-fi y conexión 4G cuando entra un tipo de estos en clase. Normalmente es el que está revisando mensajes (o páginas web, o Redes Sociales) no antes de la clase, si no incluso durante la misma. Por supuesto alegan motivos de urgencia familiar o laboral mientras que por el reflejo del espejo de atrás vemos que está poniendo emoticonos en un chat de grupo. También entrarían en esta categoría aquel que rueda a su puñetera bola (y no por incapacidad) o al que se pasa la hora de la sesión mirando por el cristal, si lo hay, a ver qué se maneja en la sala de fitness.
  • El biciclista. Look convencional, poco más y se trae el casco, eso sí, adornado por unos calcetines de tenis (imprescindible franja roja y azul) en lugar de tobilleros como parte del “outfit” más destacado. Tienen sus problemas para seguir el ritmo de la música, pero le ponen la carga que tú y otros dos compañeros juntos sin despeinarse.
  • El “cañero”. No me refiero a la cerveza, sino a aquel sujeto que siempre habla de monitores cañeros, de música cañera, de clase cañera, con expresiones tipo “fuaaaaaaaaaaaaaa”… Hasta que un día te da por curiosear la carga real que llevan en clase y resulta ser aproximadamente la que llevaba el biciclista de más, pero en este caso de menos. Eso sí, al acabar la clase te dirán que el otro día hicieron una mucho más fuerte.
  • El prota. Dudábamos entre el prota o directamente llamarlo “el notas”. Es el alumno que grita a destiempo, que sprinta cuando quiere, que comenta en voz alta los cambios de la clase, que aconseja (muchas veces de forma equivocada) al resto de alumnos. Se siente fuerte y está seguro de que el día que de clase lo va a petar cuando probablemente no sea capaz ni de ajustar bien su bicicleta, pero mientras, tira por tierra cualquier posibilidad de desarrollar con garantías, o al menos con tranquilidad, la tuya.
  • El globero. Término adoptado del ciclismo de carretera, podemos decir que sería la combinación del biciclista junto a una barriga cervecera y el nivel de intensidad y sacrificio físico del segundo. Combinan las sesiones de ciclo indoor con salidas los domingos en los que las calorías gastadas no llegan a las ingeridas en el almuerzo del merendero de pueblo de turno, motivo real de su salida. De esto en Mallorca sabemos mucho.
  • El efímero misterioso. Cliente fantasma, pero no fantasma de fanfarrón, sino que nos referimos a una persona que un día aparece sin haberla visto antes, hace la clase con una ejecución perfecta, llevando ritmos, cargas, buen pedaleo… De los que acabas pensando “Joer, ya podría tener 10 así en clase”… Para no volver jamás. Y nunca se supo.
  • El shazamero. Es el cliente que regularmente te pregunta por un par de canciones de la sesión o, directamente, se pone con la famosa aplicación para intentar cazarlas. Y eso que te tiene delante y te lo podría preguntar e incluso llevársela ya directamente con un pendrive. No sabemos si tiene un cuñado monitor y nos gorrea las sesiones o si directamente viene y le da absolutamente igual realizar ejercicio mientras pongamos música.
  • La fuente humana. De todos es sabido que por mucho que tiremos de extractores y aire acondicionado, la condensación de aire en las salas es un peligro. En este alumno es un peligro y una tortura. Bueno, mejor dicho, para los alumnos que se colocan al lado de este sí es una tortura. Comienzan a sudar de forma patológica ya casi en el calentamiento y al acabar la clase y bajarse de la bici, descubres que ha dejado, más que un charco, una zona apantanada a su alrededor.
  • El fumigador. Claro, esto hace que aparezca gente evitando ponerse al lado o con toallas de sobra. Pero hay casos en los que la higiene se convierte en manía o casi en un TOC. El fumigador es aquel que limpia la bici con papel y pulverizador no al acabar la clase, sino antes y casi que durante. Por supuesto, busca espacios más amplios sin gente alrededor, lleva toallas de sobra y, por cierto, nadie lo ha visto ducharse en el gimnasio.
  • El febril. El febril es justo el contrapunto a la fuente humana. Siempre tiene frío, incluso en las clases realizadas a las dos del mediodía la segunda semana de agosto y protesta ante la barbaridad de frío que resultan los 35 grados a los que se pone la sala. Y ahí lo tienes, con camiseta, sudadera, otra sudadera y toalla a modo de bufanda. Lo que, no me preguntes por qué, coge y se pone siempre delante de un ventilador, aire acondicionado o extractor, para quejarse más.

 

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