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javier_iker

Desde luego, si dejásemos a los personajes de aquel “Buscadores de Fantasmas” (en el fondo los fantasmas eran ellos) una noche en un gimnasio a oscuras, se pondrían las botas: Reflejos de la calle, ruidos de tuberías y bichos varios, juegos de espejo/contraspejo que hacen ver una sombra fantasmagórica que en realidad somos nosotros mismos, etc. Pero los sucesos para-anormales que vamos a comentar hoy se producen a la luz del día y, todo lo contrario a lo que suele suceder con diversas apariciones, perfectamente delante de todo el mundo. Estos son los Expedientes X de los gimnasios.

  • 20 años haciendo ejercicios contraindicados (o más) y sin lesiones. Lo comentaba el otro día con un compañero (André), existen clientes que rompen completamente las normas y estudios sobre entrenamiento, y encima lo hacen a su favor. Jalones y Press Militar tras nuca, giros con palo, sit-ups en el banco plano en series de 100 repeticiones, Rangos de Movimiento exagerados, entrenamientos con 40 series de hombro… Y ahí están, con su edad hechos una rosa. Vamos, que los papers los utilizan para envolverse el bocata y encima están más fuertes que tú.

Lo que diría el Agente Mulder: Por ejemplo, el riesgo de lesión a nivel de hombro, y sobre todo en el supraespinoso depende mucho de ciertos aspectos como puede ser el espacio subacromial. Por supuesto es mucho más lesivo todo lo comentado, pero también nos encontramos con gente que por sus características son precisamente la excepción.

  • Clientes que salen a los 25 minutos de haber entrado duchados y afeitados. Llega un cliente a la instalación, te da los “buenos días” y para dentro. Ves como sospechosamente en un espacio muy breve de tiempo vuelve a salir despidiéndose. Dirías que se ha dejado algo pero no, va con la mochila y además el pelo recién lavada y la cara afeitada. Lo primero que piensas es que se te ha pasado la mañana volando pero te da por mirar el control de acceso y, sorpresa, no ha llegado a estar ni media hora en la instalación. Y no, no es practicante de aquel “Heavy Duty” de antaño.

Lo que diría el Agente Mulder: Existen dos razones fundamentales en estas situaciones: El cliente que ha llegado al gimnasio, no ve la clase que le gusta o empieza a entrenar y no tiene ganas y directamente no se corta un pelo. O incluso algo más habitual de lo que pensamos, clientes que vienen a ducharse al gimnasio porque no les funciona el agua caliente, porque les pilla más de paso para irse a una cena que ir a su propia casa o, peor todavía, directamente para dejar la porquería en baño ajeno o ahorrar.

  • El misterio de las mancuernas impares. Llegamos a un lunes tarde, uno de esos lunes en los que parece que han cerrado el resto de gimnasios de la ciudad en los que incluso vemos gente que no hemos visto nunca y que probablemente nunca vayamos a ver (en sí mismo ya podría ser otro Expediente X). Vamos justos de material y toca Acondicionamiento Físico. Van cogiendo las mancuernas hasta que un cliente te dice “oye, que de las de 3 kilos sólo queda 1”. No puede ser. Seguramente estará en otro rincón, tirada en la esquina o escondida entre 2 fitball. Pero no. No está. Tenemos un juego de mancuernas impar. Nuestra tesis es que se transforman en paraguas que se van acumulando en la recepción, ya que aparecen tantos sin dueño como mancuernas desaparecen. O probablemente el abonado no ha robado una mancuerna sino que ha hecho un trueque.

Lo que diría el Agente Mulder: Seguramente tienes algún cliente (o más de uno) que se está montando el gimnasio en casa como previsión para un mes que no vaya  venir o, si me aprietas, para los fines de semana. Un día se lleva una mancuerna, otro la otra mancuerna, luego una banda elástica… Y así progresivamente. Seguramente lo acabaremos pescando el día que intente meter el cruce de poleas en la mochila.

  • Toallas en bicicletas sin ocupar. Estamos en una clase llena e incluso con gente que se ha quedado fuera mientras que en segunda fila vemos una toalla con el manillar envuelto, ya sea por una toalla o incluso por un trozo de papel secante o higiénico al estilo momia. Todos sabemos que es de alguien que no ha venido, pero tampoco nos queremos subir, no sea que la bici esté ocupada por un espíritu de algún ex-cliente desaparecido que ronda como alma en pena realizando sesiones de Ciclo Indoor, así que cuidado una día la bici no empiece a pedalear sóla, avisado quedáis. Y también entrenando en sala, ya que el misterioso caso de las toallas fantasma también se reproduce en las máquinas.

Lo que diría el Agente Mulder: Básicamente lo que tenemos son dos clientes y no un espíritu. Uno con bastante jeta la mayoría de ocasiones que ha venido a reservar una bicicleta porque quiere precisamente esa y no otra cuando igual ni sabe a ciencia cierta si va a venir. O incluso peor: Ha liado por whatsapp a otro usuario para que guarde la bici en un momento de confusión. Y el otro usuario, cuando ve que su amig@ no viene, pues no es que no tenga vergüenza, es que tiene mucha y prefiere ni entrar en la sala a que le echen la bronca.

  • El increíble caso de los clientes mutantes. Vamos a ver, ese vínculo de ver a la gente con regularidad hace que detectemos gente muy rara o, mejor dicho, veamos las cosas raras de la gente que no se conocen a primera vista o en una relación ocasional. Pero esto no va por ahí, el misterioso caso con el que cerramos es el de aquel cliente que incluso lleva años viniendo a la instalación con una apariencia o estado de forma y, de repente, en cuestión de unas pocas semanas pega un cambio sorprendente, de los que pasas por al lado y los tienes que mirar dos veces: Un tío con sobrepeso vuelve del verano (en el que igual ni ha venido al gimnasio) con 6 tallas menos mientras todos los demás han engordado, o aquel chaval delgado que cuando pasa el invierno se quita la sudadera y de repente tiene el bíceps del tamaño de tu cabeza.

Lo que diría el Agente Mulder: Bueno, aquí hay mucha tela que cortar. Los motivos en realidad son varios y, aunque creamos que tenemos mucha confianza con el cliente, no es tanta. Seguramente un problema de salud, un cambio de trabajo o de residencia o, simplemente, haber cortado con la pareja y querer volver a entrar en el mercado cotizando al alza, serán los motivos principales. Bueno, y en el caso del de la hipertrofia máxima, pues ya nos lo podemos imaginar todos: Algún amigo “farmacéutico” que habrá pasado por ahí…

Por supuesto, Expedientes X hay como estos y más, muchos más… También nos puedes indicar cuáles son tus favoritos.

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