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Entrenador Personal Como Freelance

elevator-pitch-263x300Quizá el título del artículo parezca, a priori, que tiene poco que ver con el mundo del entrenamiento. Y en realidad, con el entrenamiento como tal, la verdad es que no hay demasiadas conexiones. Sin embargo, el entrenamiento personal es una profesión en la que se tiende a trabajar por libre, como autónomo o bien dentro de una empresa pero en la que la labor comercial muchas veces recae sobre el propio entrenador.

Por experiencia sé que a la mayoría de nosotros no es una tarea que nos haga especial ilusión, más bien al contrario. Queremos dedicarnos a entrenar a nuestros clientes, que es de lo que sabemos. Pero, ¿si no hay clientes, como vamos a ser capaces de entrenarlos? Por tanto, en el entrenamiento personal en particular y en cualquier profesión liberal en general, debemos prestar mucha atención a los tres aspectos fundamentales: La parte técnica, que todos los que estamos formados en nuestra profesión debemos dominar, la parte de gestión (contabilidad, facturación, presupuestos, declaración del IVA…) que quizá es la parte más “delegable” puesto que hay numerosas empresas gestoras que se dedican a ello, aunque si estás empezando, querrás ahorrarte cualquier gasto prescindible, y por último y no menos importante, la labor comercial y de marketing: captar y fidelizar clientes. Y las oportunidades son muchas, pero no avisan.

Potenciales Clientes

A lo largo del tiempo que llevo dedicándome a esta profesión, han sido varias las veces que me he encontrado con un cliente potencial “sorpresa”. Bien pidiendo un café, porque leyeron mi polo de “Entrenador Personal” y se acercaron a preguntar, bien antiguos conocidos que preguntan a qué te dedicas ahora… En fin, como decíamos, múltiples opciones de conseguir clientes.

Y seré sincero: las primeras veces, me pillaba por sopresa, me bloqueaba y no sabía cómo actuar. Son muchos los clientes que se me han escapado. Y después, cuando estás algo más preparado, tienes tus tarjetas de visita y crees que sabes cómo actuar, te limitas a decir: “Soy entrenador personal”. Y un día te das cuenta que eso no es suficiente.

Cuando dices a alguien que eres entrenador personal, hay dos opciones: que no sepa muy bien en qué consiste ese servicio, o que si lo sepa, también conozca a más entrenadores y por tanto no vea una razón clara por la que elegirte precisamente a ti. Y es que la gente lo que compra son soluciones a sus problemas.

Elevator Pitch: Convénceme En 30 Segundos

Existe una técnica muy eficaz: El elevator pitch o “discurso del ascensor”. Se trata de conseguir explicar a un potencial cliente (o inversor) por qué debe apostar por ti, en el periodo más breve de tiempo posible. De hecho, se llama así por el sencillo hecho de que debes ser capaz de captar un cliente en lo que dura un viaje compartido en ascensor. Se acabó el hablar del tiempo.

Un buen elevator pitch debe de resolver todas las dudas que existan: Quién eres y cuál es tu empresa, a quien van dirigidos tus servicios (nicho de mercado), cuál es el problema que resuelves, de qué forma lo solucionas y qué beneficios obtiene quién te contrata, por qué tú y no otro y por último, una invitación a que el potencial cliente se anime.

Parece fácil, y lo es, si tú mismo lo tienes claro. Muchas veces ni nosotros mismos sabemos a ciencia cierta a qué nos estamos dedicando, y damos tumbos de un lado para otro. Para ser capaces de ofrecer algo, primero debemos saber muy bien qué es ese algo y tener confianza ciega en ello, o no funcionará. Leí un libro que no puedo dejar de recomendar, “Vivir sin miedos” de Sergio Fernández, en el que habla de que no hay que vender, sino evangelizar. Puede sonar un poco raro, pero si lo analizamos es así: se trata de crear un estilo y ser consecuente con él, querer ofrecer algo altruistamente, porque crees que la gente lo necesita. Lo demás vendrá “solo”.

Por supuesto, no se trata de repetir como un loro un discurso aprendido, ni de tratar de vender algo a toda costa. Evidentemente lo tenemos que tener memorizado e interiorizado, pero debemos ser capaces de adaptarlo al público en cada momento. Un buen elevator pitch debe ser, ante todo, entendible. No será lo mismo hablarle de cómo voy a ayudarle a mejorar su dolor de espalda a una anciana que a un deportista en activo.

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