Aunque muy recientemente Caldwell ha publicado un estudio recogiendo la relación entre nivel socioeconómico y obesidad, hace ya 3 décadas que este hecho está siendo fruto de estudio y análisis a nivel científico (Sobal, 1989; Everson, 2002; McLaren, 2007). El nivel socioeconómico más bajo (SES) se relaciona consistentemente con un mayor riesgo de obesidad, especialmente en mujeres que viven en países desarrollados como Estados Unidos y Europa Occidental (o sea, nivel socio-económico bajo en países desarrollados) con peores puestos de trabajo (Wardle, 2002), además de otras enfermedades metabólicas relacionadas como puede ser la diabetes tipo II (Evans, 2000). Cabe destacar que incluso Sorensen (1995) se planteó la pregunta del “huevo y la gallina” referida a obesidad y status económico, planteando si podía existir una retroalimentación o incluso una inversión de causa y efecto en este hecho.

Las teorías para describir esta relación se han enfocado principalmente en factores de nivel próximo como el entorno alimentario generalmente más pobre (por ejemplo, falta de opciones de alimentos saludables y concentraciones más altas de restaurantes de comida rápida) en vecindarios SES más bajos vs. mayores y los mayores costos financieros asociados con la compra de alimentos saludables y ricos en nutrientes en comparación con alimentos poco saludables y de alta densidad energética.

Se presume que estos factores impiden la compra de estos alimentos por parte de las personas con SES más bajo, aspecto que repercute en mayor proporción en familias con varios hijos, afectando así también a niños y adolescentes (Case, 2002; Wang, 2012). Lamentablemente, las intervenciones de salud pública dirigidas a mejorar el entorno alimentario de las comunidades de SES más bajas y proporcionar recursos financieros para la compra de alimentos saludables han tenido un éxito limitado en la reducción de la ingesta total de energía y el peso corporal. Alguna evidencia sugiere que estas intervenciones pueden incluso exacerbar la obesidad.

Las hipótesis más recientes han cambiado el enfoque a los factores últimos (o adaptativos) que ven una mayor ingesta de energía y la acumulación de grasa corporal entre los individuos de menor condición social como estrategias de adaptación para proteger contra la posible escasez prolongada de alimentos.

El propósito de la revisión publicada por Caldwell y Sayer (2018) es integrar la investigación pasada en los niveles próximo y último con una consideración de cómo el estado social y el SES durante el desarrollo (en el útero durante la adolescencia) pueden moderar las relaciones entre el estado social, el comportamiento alimentario y la obesidad. Utilizar un marco evolutivo que incorpore la teoría de la historia de vida puede conducir a interpretaciones más integradoras y exhaustivas de investigaciones pasadas y permitir a los investigadores esclarecer mejor el complejo conjunto de factores ambientales, fisiológicos, psicológicos y de comportamiento que influyen en el riesgo de obesidad entre individuos de menor condición social.

Personalmente creo que este hecho no nos debería sorprender a los profesionales: La suma de la diferencia de precios en grandes superficies o incluso restaurantes a la hora de acceder a alimentos saludables respecto a otros como puede ser la bollería industrial, unido a la falta de información fuera de mitos y actualizada para estas personas resulta un detonante de gran riesgo, especialmente en niños y mujeres de “clase baja” dentro de países desarrollados.

REFERENCIAS:

  • Caldwell, A. E., & Sayer, R. D. (2018). Evolutionary considerations on social status, eating behavior, and obesity. Appetite.
  • Case, A., Lubotsky, D., & Paxson, C. (2002). Economic status and health in childhood: The origins of the gradient. American Economic Review, 92(5), 1308-1334.
  • Evans, J. M. M., Newton, R. W., Ruta, D. A., MacDonald, T. M., & Morris, A. D. (2000). Socio‐economic status, obesity and prevalence of Type 1 and Type 2 diabetes mellitus. Diabetic Medicine, 17(6), 478-480.
  • Everson, S. A., Maty, S. C., Lynch, J. W., & Kaplan, G. A. (2002). Epidemiologic evidence for the relation between socioeconomic status and depression, obesity, and diabetes. Journal of psychosomatic research, 53(4), 891-895.
  • McLaren, L. (2007). Socioeconomic status and obesity. Epidemiologic reviews, 29(1), 29-48.
  • Sobal, J., & Stunkard, A. J. (1989). Socioeconomic status and obesity: a review of the literature. Psychological bulletin, 105(2), 260.
  • Sørensen, T. I. (1995). Socio-economic aspects of obesity: causes or effects?. International journal of obesity and related metabolic disorders: journal of the International Association for the Study of Obesity, 19, S6-8.
  • Wang, Y., & Lim, H. (2012). The global childhood obesity epidemic and the association between socio-economic status and childhood obesity.
  • Wardle, J., Waller, J., & Jarvis, M. J. (2002). Sex differences in the association of socioeconomic status with obesity. American journal of public health, 92(8), 1299-1304.

El ejercicio de intervalo de alta intensidad (HIIT) actualmente es recomendado por su efecto beneficioso sobre la composición corporal y la salud cardio-metabólica en niños y adolescentes con obesidad; sin embargo, su impacto en el control del apetito y la ingesta de alimentos sigue siendo desconocido. El objetivo del presente estudio fue examinar el efecto de una sola sesión de HIIE sobre la ingesta energética posterior, los sentimientos de apetito y la recompensa de alimentos en adolescentes con obesidad.

Métodos
Utilizando un diseño cruzado aleatorizado, la ingesta de energía ad libitum, el apetito subjetivo y la recompensa de alimentos se examinaron en 33 adolescentes con obesidad (13,0 (± 0,9) años) después de un ejercicio de intervalo agudo de alta intensidad (HIIE) versus una condición de reposo (CON). Las ingestas absolutas y relativas de energía se midieron a partir de una comida de almuerzo ad libitum 30 minutos después del ejercicio o el descanso. La recompensa de alimentos se evaluó mediante el Cuestionario de preferencia de alimentos de Leeds antes y después de la comida de prueba. Los sentimientos del apetito se evaluaron usando escalas analógicas visuales a intervalos regulares a lo largo del día.

Resultados
El consumo de alimento ad libitum se redujo significativamente después de HIIT (comida del almuerzo: -7 (± 23,7)%; p = .014 y todo el día: -4 (± 14,7)%; p = .044), a pesar de las sensaciones de apetito sin cambios. También se encontró que HIIT disminuía la recompensa alimenticia ad libitum en adolescentes con obesidad: preferencia relativa de grasa (de 3.3 (± 9.5) a 0.1 (± 8.0); p = .03), preferencia relativa de sabor dulce (de -0.8 (± 13.9) ) a -5.0 (± 11.8); p = .02) y el deseo implícito de grasa (de 22.3 (± 55.7) a -13.2 (± 58.5); p = .01) se redujeron significativamente en respuesta a la comida ad libitum en HIIT. Al considerar el grado de obesidad, parece que los adolescentes con mayor IMC y mayor porcentaje de masa grasa mostraron una mayor reducción de la ingesta de alimentos en respuesta a HIIT (-21 (± 15)% para el tercer tercil IMC versus + 8 (± 30)% para el primer tercil de IMC p = .004; -15 (± 21)% para el tercer tercil de masa de grasa versus + 8 (± 28)% para el primer tercil de masa de grasa p = .017).

Conclusión
Una sola sesión de HIIT resultó en una menor ingesta calórica y necesidad de recompensa basada en alimentos en adolescentes con obesidad. Nuestros resultados también parecen indicar que estas respuestas nutricionales dependen del grado de obesidad de los adolescentes con un mayor efecto anorexígeno observado con mayor obesidad.

En todo momento debemos ver la respuesta individual de la persona a la que entrenemos y, sobre todo en casos de adolescentes obesos que resultarán sedentarios en la práctica mayoría de casos, comprobar si el entrenamiento HIIT genera una adhesión válida a medio y largo plazo. Eso sí, podemos comprobar de cada vez más los interesantes resultados que produce esta modalidad en diferentes marcadores y aspectos más allá del gasto calórico per se.

El estudio: Miguet, M., Fillon, A., Khammassi, M., Masurier, J., Julian, V., Pereira, B., … & Finlayson, G. (2018). Appetite, energy intake and food reward responses to an acute High Intensity Interval Exercise in adolescents with obesity. Physiology & behavior.

¿ERES MADRE, PADRE, MAESTRO/A, PROFESOR/A?

En nuestro reciente estudio, publicado en una de las revistas más prestigiosas de Pediatría a nivel mundial, hemos hallado tres aspectos claves para el rendimiento académico de los niños/as de 10-12 años:

1.Aquellos niños/as con mayores niveles de obesidad (más grasa corporal etc…) obtuvieron peores notas académicas en las asignaturas del currículum de Educación Primaria.

2.Aquellos niños/as con mayores niveles de condición física (resistencia etc…) obtuvieron mejores notas en las asignaturas del currículum de Educación Primaria.

3.Tener un buen nivel de condición física puede atenuar la relación negativa entre la obesidad y el rendimiento académico en la Educación Primaria.

Puedes acceder a la publicación a través de este enlace:
http://www.jpeds.com/article/S0022-3476(18)30323-8/fulltext

Adrián Muntaner Mas es licenciado en CCAFD (Lleida) y, además de investigador, también es experto en tecnología aplicada al entrenamiento y al salud física. Este estudio ha sido publicado con diferentes miembros del equipo de investigación de la Universitat de les Illes Baleares (UIB).

En muchas ocasiones se han hablado de los beneficios del entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) respecto al entrenamiento continuo (MICT) especialmente en cuanto a marcadores metabólicos se refiere. Ello ha llevado a una corriente de “cardio-haters” hablando de la inutilidad que tiene la realización de entrenamiento cardiovascular de moderada intensidad. Dado que los contextos y situaciones son muy variados (por lo que ya de salida os recomendamos aplicar un tanto el sentido común en cada caso), vamos a postear una serie de estudios comparativos de ambos métodos, teniendo en cuenta los parámetros medidas, tipo de población, muestra de sujetos (en ocasiones también ínfima) con el objetivo de intentar generar un criterio, dentro de las limitaciones obvias cuando hablamos de entrenamiento individual, lo más riguroso posible.

El objetivo de este estudio piloto fue examinar la adherencia a la actividad física moderada a vigorosa (MVPA) 24 semanas después de una breve intervención de asesoramiento combinada con HIIT o MICT. Individuos con alto riesgo de diabetes tipo 2 (T2D) fueron aleatorizados a HIIT (n = 15) o MICT (n = 17) y completaron 10 sesiones de ejercicio acompañadas de una breve intervención de asesoramiento de 10 minutos durante un período de 2 semanas. Se evaluaron MVPA intencional medido objetivamente (acelerometría) y aptitud cardiorrespiratoria (VO2pico) al inicio y 24 semanas después de la intervención. La eficacia autorreguladora y la autoeficacia de la tarea se examinaron al inicio, después de la intervención y 24 semanas después de la intervención. Usando un análisis por intención de tratar, los puntajes de cambio se calcularon para HIIT y MICT y se compararon entre grupos. Las personas asignadas a HIIT aumentaron su MVPA en 53 minutos (d de Cohen = 1,52) a las 24 semanas en comparación con 19 minutos en MICT (tween = 1.96, p = .06, d = .56). Tanto HIIT como MICT aumentaron el VO2pico relativo en 2 y 1 ml/kg/min respectivamente (tweenween = 0.72, p = 0.47). Los participantes en ambos grupos aumentaron en su autorregulación y autoeficacia de tarea después de la intervención, pero ambos grupos demostraron una disminución similar a las 24 semanas. Esta intervención piloto fue exitosa en aumentar y mantener el MVPA de vida libre durante un período de 24 semanas en individuos en alto riesgo de T2D.

La especulación de que HIIT es inapropiado o inalcanzable para personas con sobrepeso con alto riesgo de T2D puede ser infundada.

El estudio: Locke, S. R., Bourne, J. E., Beauchamp, M. R., Little, J. P., Barry, J., Singer, J., & Jung, M. E. (2018). High-Intensity Interval or Continuous-Moderate Exercise: A 24-Week Pilot Trial. Medicine and science in sports and exercise.

En este estudio, se investigaron los efectos de un entrenamiento de ciclismo giratorio de 6 semanas sobre la composición corporal de las mujeres. Doce mujeres sedentarias (32-47 años) participaron voluntariamente en este estudio. El programa de entrenamiento de 6 semanas consistió en sesiones de Ciclo Indoor en 3 días por semana. La intensidad del programa de entrenamiento fue relativamente baja en las primeras sesiones para ir aumentando en las semanas siguientes. Las sesiones de entrenamiento que incluyeron el calentamiento y el enfriamiento duraron entre 30 y 60 minutos, lo que viene siendo habitualmente una clase de Ciclo Indoor en instalación deportiva.

Los análisis de las composiciones corporales se midieron regularmente cada semana con el método de impedancia bioeléctrica. En se utilizaron estadísticas descriptivas de análisis de datos y análisis de varianza de medidas repetidas. Al final de las 6 semanas ejercicios de spinning se observaron cambios positivos en muchos parámetros relacionados con la composición corporal.

Particularmente después del 3ª semana, los cambios significativos registrados fueron notables. Al final de la 6ª semana aquellos que tenían sobrepeso por los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS) pasaron a la categoría de peso normal y aquellos que eran obesos pasaron a un IMC sobrepeso. En conclusión, se observó que los entrenamientos de ciclismo de spinning fueron vistos como un método efectivo para perder peso y reducir la proporción de grasa corporal entre las mujeres en este grupo de edad. Este método de ejercicio puede recomendarse para buenos resultados entre mujeres obesas y con sobrepeso en un corto período de tiempo.

El Ciclo Indoor, tal y como sucede con otras actividades realizadas en el gimnasio, puede ser una estrategia válida para la mejora de la composición corporal cuando se ajustan los parámetros de seguridad y entrenamiento. El componente lúdico y de motivación que ofrecen respecto a otras modalidades de entrenamiento puede resultar vital a la hora de conseguir la adhesión a la Actividad por parte de poblaciones sedentarias.

Referencia: Kaya, F., Nar, D., & Erzeybek, M. S. (2018). Effect of Spinning Cycling Training on Body Composition in Women. Journal of Education and Training Studies6(4), 154-160.

El objetivo del presente estudio fue observar si la realización de un ejercicio de resistencia de baja intensidad después de una noche de ayuno (AYUNO) o alimentado (FED) promueve diferentes respuestas cardiorrespiratorias, enzimáticas y hormonales.

Nueve sujetos activos físicos masculinos, (edad 21.89 ± 2.52 años, altura 175.89 ± 5.16 cm, peso 72.10 ± 4.31 kg, grasa corporal estimada 7.25 ± 2.11%), realizaron al azar dos sesiones de 45 minutos de ejercicio de baja intensidad (umbral de ventilación individual) ) intercalados por siete días, diferenciados solo en si se les proporcionó una comida estandarizada o no.

El consumo de oxígeno (VO2) y la frecuencia cardíaca (FC) se midieron de forma continua en el descanso de 30 minutos, el tiempo de 45 minutos y el post ejercicio de 30 minutos. Las hormonas de testosterona (T) y cortisol (C) se midieron en reposo, inmediatamente después del ejercicio y 15 minutos después del ejercicio. La Glucosa (GLU), los ácidos grasos libres (AGL) y la actividad de la enzima lipasa (ELP) se midieron en reposo, 15 minutos y 30 minutos de ejercicio, inmediatamente, 15 minutos y 30 minutos después del ejercicio.

Se observaron valores significativamente menores en FED en comparación con AYUNO con: C (nmol / L) desde pre (428.87 ± 120.41; 454.62 ± 148.33, respectivamente) hasta inmediatamente después del ejercicio (285.10 ± 85.86; 465.66 ± 137.70, respectivamente) y 15- mínimo después del ejercicio (248.00 ± 87.88; 454.31 ± 112.72, respectivamente) (p <0.05); y GLU en todo momento, con una excepción en 15 minutos después del ejercicio. La relación testosterona / cortisol (T / C) fue significativamente más alta en la FED en comparación con AYUNO desde pre (0.05 ± 0.02, 0.05 ± 0.01, respectivamente) a 15 min después del ejercicio (0.08 ± 0.03, 0.05 ± 0.02, respectivamente) . No se observaron otras diferencias significativas entre las condiciones.

Concluimos que el ayuno antes del ejercicio de resistencia de baja intensidad no parece ser ventajoso, cuando se trata de la pérdida de grasa, en comparación con el mismo ejercicio realizado después de una comida.

EL ESTUDIO: Vilaça-Alves, J., Muller, F., Rosa, C., Payan-Carreira, R., Lund, R., Matos, F., … & Reis, V. M. (2018). Cardiorespiratory, enzymatic and hormonal responses during and after walking while fasting. PloS one, 13(3), e0193702.

Buenos días! Uno de los estudios más curiosos (por lo extremo) que más me ha llamado la atención es el de JA López Calbet (tenéis la referencia abajo) en el que se dejan detalles muy interesantes respecto a la pérdida de peso a base de aplicar condiciones extremas al sujeto.

Pues bien, el estudio contó con 15 hombres con sobrepeso en los que, además de una fase posterior de seguimiento (a 4 semanas y 1 año), se les aplicaron 4 días de dieta extrema (3.2 kcal/kg. de peso corporal a su vez subdivido en grupos de consumo de sucrosa y de proteína de suero), y la realización 45 minutos de “kranking” (bicicleta de brazo dicho a lo cutre) en intensidad progresiva y… 8 HORAS CAMINANDO AL DÍA caminando en tramos de 6 minutos alternado 3.5 y 6 km/h. En una tercera fase inmediatamente posterior se pasó a 3 días de ingesta “isoenergética” (a partir de los resultados de la fase I) y ejercicio moderado, sobre los 10.000 pasos diarios..

A modo de resumen y como puntos más destacados, diríamos que:

– Por bajar de peso, hubo individuos que hasta bajaron más de 5 kgs. en la fase II (4 días). Otra cosa es que de grasa fuese el 40% del total.

– En la fase III (estabilización) se ve una recuperación de tejido no-graso, básicamente por recuperación de líquidos y nutrientes, perdiendo incluso hasta casi 1 kg. más de grasa.

– Buena parte de la disiminución de tejido graso fue en el tren superior, con lo que ello conlleva a nivel, por ejemplo, de riesgo cardiovascular.

– También hubo mejoras en niveles indicadores de interés (leptina, insulina, cortisol…) aunque haya que diferenciar entre respuestas y adaptaciones.

– Estas mejores se mantienen en buena proporción tanto en el seguimiento de 4 semanas como incluso en el de 1 año.

PERO:

– Los sujetos de estudio estaban pagados y concentrados en un hotel con diferentes mecanismos de control a todos los niveles. Habría que ver, ya de salida, posibilidades materiales de poder hacer tal intervención por parte del cliente.

– Si echamos cuentas, una persona de 100 kilos ingería 320 kcal. o en forma de sucrosa o de proteína de suero. Traducido al día a día, los de proteína echaban 4 batidos de los de un cazo y en agua en 24 horas durante 4 días.

– Las mejores se mantienen en buena proporción durante un año, pero sospechamos que más que por la intervención en sí es por el posible cambio de hábitos posterior, más cuando sabes que estás realizando un estudio científico con seguimiento. Habría que ver qué sucede en el momento en el que se deja a los sujetos por libre.

El propio autor indica que la prueba NO es una propuesta de tratamiento alternativo a la obesidad.

Además, como sucede en muchos estudios, los sujetos elegidos para el estudio no tienen patologías severas, por ejemplo, a nivel de lesiones (habría que ver si cualquier obeso podría hacer casi 9 horas de ejercicio durante 4 días sin acabar con problemas articulares), un nivel de obesidad dicho coloquialmente como “moderado” (casi en los umbrales de lo que a nivel general se denomina obesidad, ya sin entrar en aspectos más específicos como resistencia a la insulina, por ejemplo).

En conclusión, ¿Se puede mejorar la composición corporal con una terapia de choque? Pues para qué mentir, claro que sí. ¿Será lo más conveniente? Ahí ya tenemos más que dudas.

El tercer Simposio de Entrenamiento y Obesidad ya tiene fecha (28 de abril) y emplazamiento (Palma de Mallorca).

Tras las dos primeras ediciones celebradas en Madrid, se va a conservar el formato del mismo para este 2018, incluyendo contenidos en referencia a los últimos avances científicos en materia de entrenamiento para el control del sobrepeso y obesidad desde un enfoque multidisciplinar, por lo que se tocarán temas relacionados con, por supuesto, el propio entrenamiento en sí, pero también en materia de control y seguimiento de clientes, aspectos psicológicos, fisiológicos e incluso genéticos.

Durante las próximas semanas iremos dando más detalles, así como el nombre de los profesores invitados para el mismo y los contenidos que se impartirán. Puedes obtener más información y estar al corriente del simposio rellenando este formulario:

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Si el objetivo es acondicionar al cliente para paliar en medida de lo posible problemas de espalda… ¿Es un problema de fuerza “bruta”, de resistencia haciendo un ejercicio (como suelen ser los tests clásicos en esta línea) o simplemente se debe trabajar una pequeña activación e higiene postural de forma estratégica?

Una vez que nuestro cliente haya sido capaz de empezar a controlar la respiración, una alineación de columna medianamente correcta y a activar, sin que sea un pulso a muerte, todo el complejo de músculos profundos -y no tan profundos- que nos ayudan a tener una postura apta, podemos empezar a traspasarle todos estos ejercicios aislados a otros más cercanos a sus necesidades reales.

La propuesta de hoy tiene cierta similitud con el “Isometric Hand to Knee” pero visto que este en muchos casos acaba siendo una paliza para el psoas, hemos optado por:

– Poner al cliente sentado (sí, core de sentado, qué paso) e incluso utilizar algún tipo de herramienta de visualización para que vea el cambio de su postura inicial a la final. Hoy por hoy, cualquier móvil con cámara hace el trabajo de sobra.
– Hacemos una ligera presión de los talones contra el suelo (no hace falta que sea tan exagerado como en la foto) para notar como hay una pequeña activación de glúteo y, de paso, relajación del psoas.
– Miramos que la espalda ande bien alineada, alargando columna, que la cadera no traicione yendo hacia dentro, etc.
– Mantenemos mirada al frente, corrigiendo la hiperlordosis cervical tan típica del trabajo de oficina.
– Con las manos hacemos una ligera presión contra las rodillas (en extensión de hombro o “pull over”) para, tal y como hacemos con el glúteo, visualizar una pequeña contracción abdominal.

Una vez el cliente está bien alineado y tras 5-6 repeticiones de otros tantos segundos, le pegamos una colleja al estilo madre y le decimos “ves, así te tienes que poner, así”.

Retomando actividad.

Creo que ya va siendo hora de no sólo desintoxicar el cuerpo, sino también el cerebro. Así que vamos al lío (iba a poner “vamos al turrón” pero ya ha habido turrón de sobra) con uno de esos estudios que a veces comentamos que resultan interesantes, pero que debemos tomar en su justa medida.

Volvemos a ver como volúmenes reducidos de entrenamiento HIIT dan mejores resultados respecto al continuo de intensidad moderada. En este caso hablamos de 3 sesiones semanales de sólo 20 minutos a razón de 1 de esfuerzo con 1 de recuperación (10 repeticiones). Eso sí, el grupo de entrenamiento continuo trabajaba en las mismas 3 sesiones semanales durante 40 minutos… con sólo un 50% de intensidad.

Aunque ya son innumerables los estudios que nos hacen ver la necesidad de dar preferencia a la intensidad (en su justa medida y variante, algo así como un “cualitativo”) respecto al volumen a la hora de ofrecer mejoras, especialmente en marcadores fisiológicos como puede ser la resistencia la insulina, no sé si os pasa, pero yo muchas veces me quedo con ganas de ver comparativas en la que los métodos de entrenamiento continuos sean algo más exigentes. Y es que no sé por qué, se tiene la costumbre de relacionar el método continuo con caminar o, como mucho, el trote cochinero.

Así que feliz vuelta a la actividad