5 + 1 cosas que me han pasado como instructor y se han repetido como cómico.

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A veces es curioso ver como muchos hechos se repiten en entornos aparentemente. Lo suficiente como para escribir esto tras algo menos de un año desde la primera vez que me subí a un escenario de comedia y unos 7 meses intentando escribir y actuar con cierta regularidad. Por lo tanto las únicas lecciones que puedo dar como monologuistas son en condición de cómico novato-pardillo.

Sin embargo, como instructor llevo ya casi 16 años liados a la chepa y aproximadamente 12 y medio como formador y me ha llamado tanto la atención esta especie de deja-vú constante de situaciones que he tenido al arranca con otra actividad que no podía dejar las teclas quietas: El enfrentarse a gente completamente desconocida (y eso que casi en cualquier bolo he dado con un cliente o un alumno “cómplice”), el pegarse un batacazo importante a modo de silencio, la desconfianza de bares y locales a la hora de presentar proyectos (creo que no oía tantos “No” desde el instituto pidiendo salir a las compañeras de clase) y, por supuesto, encontrarse con gente que vive lo suyo de una manera espectacular y que desde el primer momento ha estado para echar una mano.

1- Al final, un trabajo es un trabajo con todo lo que conlleva. Y si no lo llevas con un día a día o un mínimo de continuidad-dedicación regular, prepárate para el batacazo. Vivir de rentas (sobre todo, cuando directamente no las hay) es difícil y, además, existen toda una serie de aspectos que deben cuidarse tanto o más como nuestras sesiones, presentaciones o textos: Relaciones sociales, contacto y feed-back con las instalaciones, investigación, “entrenar” aspectos que envuelven a cualquiera de los dos trabajos… Son cosas que mal pese, se notan cuando alguien las hace y cuando alguien no.

2- Hay que echarle huevos hasta para hacerlo mal. Muchos son los que, cuando se han enterado que hago monólogos en cafés-teatro y locales han pensado en programas del tipo “Club de la Comedia” y se han llevado un chasco al ver una sala que en ocasiones no llega ni a 30 espectadores. Por desgracia, la imagen idealizada de ciertas cosas cuando empezamos o simplemente las vemos desde la barrera dista mucho de la realidad del día a día.

3- Hay que saber gestionar el fracaso… y el éxito.  El cómico pasa por unas épocas de falta de creatividad o de “pinchazos” más habituales que debería (para entendernos, un pinchazo es cuando apenas consigues reacción del público en una actuación) que pueden sentar igual de mal que un parte de una sesión tuya en dirección del centro o una oleada de bajas en tu estudio. Es algo que está ahí y que va a ser inevitable, siempre y cuando no sea de forma continua, ahí tendríamos un problema serio.

Por otro lado, el “morir de éxito” es algo que se de muy habitualmente en ambos gremios. El ego no suele ser buen compañero. Tener un éxito inusitado, ya sea con un texto, llenando las clases o con las primeras formaciones puede hacer que perdamos la noción de la realidad por el extremo contrario al antes comentado. Y es que en la mayoría de ocasiones que esto se produce en personas medianamente novatas, dicho triunfo igual corresponde más a ciertos factores del entorno y al efecto novedad que a otra cosa. Sin embargo, es un peligro ya que la persona que lo saborea pueda sobrevalorarse a sí mismo en exceso.

Y me dejo una cosa muy importante: No achaques a las envidias cualquier crítica que se te haga o fracaso (menor o mayor) que te pueda suceder. En los últimos tiempos lo de “es que hay mucho envidioso” es una frase que está a la orden del día y creo muy sinceramente que a veces nos hace perder la autocrítica. Y es que es mucho más fácil buscar a un enemigo que conspire contra nosotros que pensar en que probablemente nuestra oferta (por el motivo que sea) no sea lo suficientemente atractiva.

4- No hay mejor camino que el que traza uno mismo.  Es más, si quieres tener una carrera medianamente saludable, creo, en cualquier gremio, no hagas cuentas de padrinos ni idolatres más de la cuenta a gente que consideres referentes y que no conozcas personalmente, al menos lo suficiente.

Seguro que estás pensando en alguien que ha caído en “brazos” de un compañero de profesión más contrastado y que prácticamente lo ha colocado unos cuantos peldaños más arriba de lo que estaba o crees que merece. En este caso pueden pasar dos cosas, que sí tenga un valor que igual no lo estamos viendo, incluso a nivel gestión, producción, administrativo (por poner un ejemplo, John Deacon, el bajista de Queen) o que, simplemente, con el paso de los meses el apadrinado desaparecerá incluso arrastrando parcial o totalmente al padrino.

5 – El que paga igual no tiene la razón, pero manda. Dentro de unos límites de la responsabilidad, no dejamos de estar ofreciendo un servicio al cliente. Puede suceder que no demos lo que busca, que caemos presos del enamoramiento a nuestro “producto” (puede ser un ejercicio o un chiste, sirven completamente igual).

Si queremos ser fieles a nuestro tipo de trabajo, debemos buscar un contexto en el que el mismo sea útil y no intentar montar un box de CrossFit como servicio extra de un geriátrico, pero a su vez entender que si por el motivo que sea, vamos a trabajar en un geriátrico no nos podemos poner a hacer Crossfit. Bueno, poder podemos, pero ateniéndose a las consecuencias. Con la comedia pasa un tanto lo mismo.

Cuando hay un cruce de caminos pueden pasar dos cosas: Recriminar al público (de frente o fuera) que no entienda lo que hacemos, adaptarnos a lo que buscan o, simplemente, buscar otro camino.

5 + 1 – No hay mejor trabajo que hacer felices a las personas.  Creo que este no es necesario explicar. Así que nos vemos en los gimnasios… o en los bares 🙂

PD: Agradecer a los compañeros en todos los entornos en los que me manejo el que estén siempre ahí (Olimpic, SectorFitness, Remata Tú, Alex García…). Que con este post aprovecho y puedo dejar a todos despachados y citados.

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noviembre 8, 2017

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